El segundo fundamento del tratamiento protocolario es igualmente importante. En una vocación de servicio público, los incentivos económicos tienen una relevancia muy limitada. En cambio, como decían los textos clásicos franceses, el funcionario sabe que viste la librea del Rey, y que su mérito y capacidad pueden llevarle lejos en ese «
cursus honorum» que jalonan los cargos de Subdirector General, Director General, y Subsecretario, reservados hoy casi todos ellos para los funcionarios de carrera. Es justo que esa moderna «noblesse de robe», cuya retribución nunca es muy elevada, tenga su propio tratamiento honorífico, que a nadie ofende y que beneficia a la arquitectura de toda la función pública.