(...) Con el paso del tiempo pasó también la moda. Ya no decimos
lapsus calami
cuando cometemos un error escribiendo;
ab aeterno, si queremos decir
que desde la eternidad Dios lo tiene dispuesto;
pro domo sua, cuando
algo es en beneficio propio;
mea culpa, si es por mi culpa;
Primus inter
pares, primero entre sus iguales;
quid pro quo, cuando, por error,
cogemos una cosa por otra;
alter ego, mi otro yo, esa otra persona con
la que me identifico. Cuando queríamos aliviarnos el sentimiento de
culpa acudíamos al
errare humanum est, que errar es propio del hombre.
Hay latinajos que parecen latigazos:
Non bene olet qui semper bene olet,
advirtiéndonos que no huele bien el que siempre huele bien. Las
Ciencias de la Naturaleza usan latinajos, y así, Solanum tuberosum
esconde a una hermosa y delicada flor silvestre; el Derecho también lo
hace para designar situaciones de las que debe entender: Ius privatum,
derecho de particulares, Ius gentium, derecho de gentes. La medicina
echa mano también del latín, y por citar algo, ese que nos da tanta
grima, tanto temor, que es lo que el galeno escribe en un informe a la
cabecera de nuestra última hora: Éxitus, salida de este mundo. Aunque,
bien mirado, ¿qué se nos da
post mortem?
Fonte | LaProvincia