.(...) A Lidia Lozano la muerden en los cuartos traseros y ésta se revuelve mostrando los belfos. Supongo que los registran al entrar en el estudio y se incautan de los objetos punzantes. Si Lozano hubiese dispuesto de un cuchillo, Angela Portero reposaría hoy en un nicho.
En el fondo es otra forma de alimentar el espectáculo e incluso se abaratan los costes al prescindir de terceros. La televisión exige a sus protagonistas que vendan su alma si quieren mantenerse en la cumbre. Y la mayoría ha decidido pagar el precio. Una vez más, homo homini lupus. Que aproveche.
Fonte | Faro de Vigo
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