Fernando Savater y otros perseguidos de ETA lo han experimentado largos años. Savater ha vivido lustros amenazado y ultrajado, sin poder dar un paso sin escolta, insultado y vejado por los aliados políticos y simpatizantes de los terroristas. Y si ahora no le sale“perdonar” a sus aspirantes a verdugos y jaleadores, hay que ver, es él el rencoroso, el vengativo, el crispador y el desalmado.
Se puede ser violento, se puede agraviar y ser grosero, se puede impedir hablar a alguien en una Universidad, se puede poner a caldo a cualquiera. Bueno. Lo que ya es inexplicable es que además se pretenda que todo eso se olvide cuando el ofensor cesa, o cuando a éste le interesa, y que carezca de toda repercusión y consecuencia.
En una palabra, se exige impunidad para los propios dichos y hechos. Peccata minuta. (...)
Fonte | El País
Ningún comentario:
Publicar un comentario