Se empeñó en dar un espacio, casi estelar, al silencio: “Dicen que el silencio habla, aquí no; aquí, grita”. Ese horror vacui lo suplía Rekarte con reflexiones más que enjundiosas. En la cárcel fue donde más tiempo tuvo para pensar. Donde más noches quedó en vela para el remordimiento y la certeza de un error de juventud que le costó el resto de, lo que podríamos llamar, su primera vida (...)
Fonte | El País
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