(...) Es como si, aun en medio del enamoramiento más intenso, persistiera en nuestra consciencia la sospecha de que el amor, como todo en este mundo, constituye un estado transitorio y quisiéramos evitarlo empleando el mismo recurso que la humanidad ha utilizado desde siempre para solucionar asuntos imposibles: la magia. Ya sea la de Merlín, la de la bruja escaldufa o la del cura, que en un altar nos declara marido y mujer per saecula saeculorum.
Fonte | El País
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