(...) Ni siquiera los redactores estrella de los periódicos saben qué piensan sus lectores de lo que escriben. La gente no tiene tiempo para descolgar un teléfono, si es que consiguen encontrarlo, y valorar de viva voce una noticia, reportaje o entrevista con su autor. Por eso la comunicación existe en bitácoras y páginas web; cuesta menos teclear, y mucho menos cuesta desvelarse con el nombre que uno escoja, o sencillamente no hacerlo y convertirse en un anónimo más. (...)
Fonte | Los Noveles
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