Así pasa la gloria del mundo. Sic transit gloria mundi, nos recordaban constantemente en el colegio señalándonos un cuadro abarrotado de calaveras y huesos humanos calcinados bajo el sol. La visión hería nuestros ojos y nuestro corazón como un retorcido cuchillo de luz negra. Era un ejercicio de sadismo controlado cuyo fin era vacunarnos contra la soberbia, pecado capital padre y madre de todos los vicios.Aquella jaculatoria que rebotaba como una pelota de caucho en todas las grutas del alma, pretendía sembrar el grano de la humildad en la tierra aún virgen de nuestro yo infantil, habitante del desván de nuestro alocado cerebro.(...)
Fonte | La Voz de Galicia
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