La liturgia preestablecida en torno a la elección de los primus inter pares aleja cada vez más al boato gremial del entretenimiento tal como lo conocemos. Los propios Óscar, con todo su oropel, se van dejando espectadores por el camino mientras alguien no ponga remedio y reinvente el género. El derecho legítimo que ejerce cada premiado de aprovechar para saludar a todo su árbol genealógico es el anticlímax televisivo por excelencia, por mucho que salga la tierna Peppa Pig a cerrarles el micro (...).
Fonte | LaVozdeGalicia
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