No faltaba el consiguiente pausado yantar, siguiendo la máxima latina: “Primum vivere, deinde philosophare”. Su amena conversación desprendía una enorme admiración por el paisaje y cercanía no fingida hacia el paisanaje. Lo mismo hablaba con el korrikalari de Betelu, con el tabernero de Beizama, con el baserritarra de Amezketa, con el alcalde de Elduaien, con el médico de Errezil o con el cascarrabias de Jorge Oteiza. Para nadie es un secreto que sentía una connatural preferencia por la investigación de campo, no tanto la de salón, aunque ésta tampoco la despreció. Manifestó abiertamente un inmenso amor por el euskera, idioma patrio, minorizado, diglósico, a veces denostado y en otros tiempos castigado.
Fonte | NoticiasGipuzkoa
Ningún comentario:
Publicar un comentario