En aquel debate que hoy nos resultaría irrisorio (como quizá dentro de veinte años nos resulten los que hoy nos enardecen), Gallardón execraba (agárrense los machos) el uso del condón, frente a un puñado de fieras corrupias dispuestas a comérselo con patatas; increíblemente, el joven Gallardón no sólo impidió que le hincaran el diente, sino que vapuleó a sus contrincantes, con una dialéctica brillantísima que reducía los argumentos adversos a la categoría de rebuznos tartamudos.
Fonte | ABC
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