
(...) El arquetipo jungiano de la sombra adquiere en la maravillosa instalación de Boltanski en Mallorca una dimensión lúdica extraña, como si su larga pugna con el sufrimiento sedimentado, valga la paradoja, pudiera ahora, en tiempos crueles, incorporar una dimensión vitalista y jugar en una mezcla de lo onírico con la subversión pactada del carnaval. Sin duda, ha realizado «una obra feliz», en la que el juego infantil con las sombras evoca tanto los placeres de la carne cuanto a la vanidad del mundo.
En el espacio del mercado, el artista ha convocado un mundo demoníaco que no funciona como
memento mori, sino como incitación a vivir de forma más intensa. Más allá de las sombras de la caverna platónica, experimentamos el placer de reencontrar un teatro de una fragilidad y hermosura que no puede olvidarse, so pena de convertir nuestra vida en ceniza. (...)
Fonte | ABC
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