Hasta aquí la crónica artística, lo que dio de sí el espectáculo: la confrontación entre dos aspirantes a convertirse en pintores de la corte en las próximas elecciones. Uno, más crudamente realista, tal vez porque nunca pisó palacio; el otro, con tendencia a fantasear, seguramente porque tiene la barba a remojo. Pero los cuatro gatos a los que aún nos entretienen estas cosas quedamos in albis. Seguimos sin saber si existía una política alternativa a la que provocó la devastación. Y seguimos sin descubrir los planos de la reconstrucción, al tiempo que dudamos de la idoneidad del arquitecto. (...)
Fonte | La Voz de Galicia
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