(...) El mejor vaticinio de nuestro porvenir no se halla en ninguna bola de cristal ni en tarot alguno, sino en un mirar y vernos. Una suerte de examen de conciencia en lo moral y en lo digamos práctico. Deducción de premisas que sólo se hallan en nuestro interior y de las cuales quizá se puede extraer -«Deo volente»- un cierto conocimiento del mañana. (...)Fonte | ABC
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