
Cada animal tenía caja o sarcófago propios. No era sólo por razones
religiosas (el perro o el chacal encarnaban al dios Anubis; el gato, a
Bastet; el halcón, a Horus o la vaca, a la diosa Hathor) sino por simple
afecto. En muchas tumbas aparecen los animales en vasijas de barro en
torno a su dueño, especialmente gacelas, babuinos y perros, las mascotas
más populares. Tanto el Museo del Cairo como el British Museum guardan
interesantes momias de este tipo. Persas, griegos, asirios y babilonios
domesticaban tan bien a los canes que los utilizaban como eficaz
vanguardia de guerra y los romanos los apreciaban mucho y los
reproducían en pinturas y mosaicos. La leyenda «
Cave Canem» («cuidado
con el perro») es además un clásico de las villas y fincas. A menudo
tengo que reconocer mi asombro por la ciencia.
Fonte | LaRazón
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