
(...) Autores como Plinio el Viejo -que acuñó el proverbio
In vino veritas («En el vino está la verdad»)- y especialmente el gaditano Columela disertaron ampliamente sobre su elaboración, producción y consumo. Solo en raras ocasiones se bebía puro. Su elevada graduación recomendaba mezclarlo con agua (lo que se realizaba en un vaso de amplia boca, la crátera) y filtrarlo, proceso que solía incorporar nuevos aditivos. El vino solía beberse, para finalizar, en copas anchas y de poca altura. Una antigua tradición -probablemente basada en la diferenciación identitaria entre romanos y etruscos, relajada tras la desaparición de estos-, impedía a la mujer beber vino sin consentimiento del marido, pudiendo considerarse motivo legal de divorcio e incluso de muerte.
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