Entre las grandes amenazas de la democracia contemporánea figura precisamente esta: evitar que la verborrea de la que se abusa antes de llegar al poder, se perpetúe cuando este se alcanza. Es de celebrar que, hasta el momento, esta circunstancia se esté cumpliendo, como observamos con quienes hace apenas unos meses no paraban de aburrirnos con mensajes de lo más variado, con explícito ánimo de epatar, y ahora cuidan sus expresiones al milímetro. Menos mal. Facta, non verba, como reza la máxima clásica. Las frases que no van seguidas de hechos no valen para nada, como sentenció Demóstenes. Dejemos hablar a los hechos y juzguemos a través de ellos, mandando callar a quien no nos permite hacerlo, dando la tabarra noche y día.
Fonte | Faro de Vigo
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